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	<title>Santa Teresa de Jesús</title>
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	<description>Obras, Carmelo Descalzo, Oración</description>
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		<title>Biografía</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Jan 2013 23:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografia]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Teresa]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Teresa de Jesus]]></category>
		<category><![CDATA[Teresa de Avila]]></category>
		<category><![CDATA[Vida]]></category>

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		<description><![CDATA[Nace en Ávila el 28 de Marzo de 1515, en la casa señorial de Don Alonso Sánchez de Cepeda y Doña Beatriz Dávila de Ahumada. Eran 10 los hermanos de Teresa y 2 los hermanastros, pues su padre tuvo dos hijos en un matrimonio anterior. Es bautizada el 4 de Abril del mismo año. Desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nace en Ávila el 28 de Marzo de 1515, en la casa señorial de Don Alonso Sánchez de Cepeda y Doña Beatriz Dávila de Ahumada. Eran 10 los hermanos de Teresa y 2 los hermanastros, pues su padre tuvo dos hijos en un matrimonio anterior.</p>
<p>Es bautizada el 4 de Abril del mismo año.</p>
<p>Desde muy pequeña manifestó interés por las vidas de los santos y las gestas de caballería. A los 6 años  llegó a iniciar una fuga con su hermano Rodrigo para convertirse en mártir en tierra de moros, pero fue frustrada por su tío que los descubre aún a vista de las murallas.</p>
<p>Juegan entonces a ser ermitaños haciéndose una cabaña en el huerto de la casa.</p>
<p>Reina entonces en España un espíritu de aventura y conquista: parten guerreros a Flandes, conquistadores a América, y la literatura vive de este espíritu. En manos de Teresa caen algunos de estos libros y entonces ella sueña con ser una de las damas que se acicalan y perfuman para sus galanes ilustres. El coqueteo le gusta, pues encuentra además la complicidad de sus primas y la corteja un primo suyo.</p>
<p>Su madre muere en 1528 contando ella 13 años, y pide entonces a la Virgen que la adopte hija suya. Sin embargo sigue siendo <em>“… enemiguísima de ser monja,”</em> (Vida 2,8), y al ver su padre con malos ojos su relación con su primo, decide internarla en 1531 en el colegio de Gracia, regido por agustinas, donde ella echará de menos a su primo pero se encontrará muy a gusto.</p>
<p>A medida que se hace mayor, la vocación religiosa se le va planteando como una alternativa, aunque en lucha con el atractivo del mundo.</p>
<p>Su hermano Rodrigo parte a América, su hermana María al matrimonio y una amiga suya ingresa en La Encarnación. Con ella mantendrá largas conversaciones que la llevan al convencimiento de su vocación, ingresando, con la oposición de su padre, en 1535.</p>
<p>Dos años después, en 1537, sufre una dura enfermedad, que provoca que su padre la saque de la Encarnación para darle cuidados médicos, pero no mejora y llega a estar 4 días inconsciente, todo el mundo la da por muerta. Finalmente se recupera y puede volver a La Encarnación dos años despues en 1539, aunque tullida por las secuelas, tardará en valerse por sí misma alrededor de 3 años.</p>
<p>Muere su padre en 1544.</p>
<p>La vida conventual era entonces muy relajada con cerca de 200 monjas en el monasterio y gran libertad para salir y recibir visitantes. Teresa tenía un vago descontento con este régimen tan abierto, pero estaba muy cómoda en su amplia celda con bonitas vistas, y con la vida social que le permitían las salidas y las visitas en el locutorio.</p>
<p>En la cuaresma del año 1554, contando ella 39 años y 19 como religiosa llora ante un Cristo llagado pidiéndole fuerzas para no ofenderle. Desde este momento su oración mental se llena de visiones y estados sobrenaturales, aunque alternados siempre con periodos de sequedad.</p>
<p>Aunque recibe muchas visiones y experiencias místicas elevadas, es una visión muy viva y terrible del infierno la que le produce el anhelo de querer vivir su entrega religiosa con todo su rigor y perfección, llevándola a la reforma del Carmelo y la primera fundación.</p>
<p>Esta primera fundación será una aventura burocrática y humana con muchos altibajos: su confesor aprueba un día y reprueba otro, el Provincial apoya con entusiasmo, para luego retirarse, y el Obispo que nunca había dudado de Santa Teresa, llegado el momento titubea. En un momento parece que todo fracasa y Teresa, siempre obediente, se retira a su celda sin nada poder hacer, aunque Doña Guiomar de Ulloa y el Padre Ibáñez logran de Roma la autorización.</p>
<p>Por obediencia parte entonces a Toledo varios meses, para consolar a la viuda Luisa de la Cerda. Esta distancia favorecerá los progresos del monasterio de San José de Ávila, que progresan a escondidas, a pesar de los rumores. Regresará para encontrarse con el breve del Papa.</p>
<p>Fundado el 24 de Agosto de 1562, encuentra una terrible hostilidad, proveniente de la Iglesia que ve ninguneada su autoridad, se alzan algunas voces pidiendo el derribo del nuevo convento, toda la ciudad está alborotada, y Teresa debe abandonarlo dejando a las cuatro novicias solas, para volver a su celda de La Encarnación. Sólo se podrá incorporar un año después de su fundación, dejando la celda amplia y las comodidades de La Encarnación por las estrecheces de San José de Ávila, pequeño y austero hasta el extremo.</p>
<p>Por mucho tiempo parece que la fundación de la nueva orden tendría sólo este monasterio, hasta que Teresa vuelve a llorar al saber que las necesidades de misiones en América son importantes. Escucha entonces en oración: “<em>…Espera un poco hija, y verás grandes cosas.</em>”, y poco después le llegan instrucciones y autorización para fundar más conventos.</p>
<p>Comienza aquí una intensa actividad de Santa Teresa que sólo termina con su muerte, en la que compaginará el gobierno de su orden, con las fundaciones de nuevos conventos y la redacción de sus libros, sin perder nunca el buen ánimo ni la esperanza, en la confianza de que no era su voluntad lo que estaba cumpliendo y que le llegarían los apoyos que necesitara, como así fue en todo momento.</p>
<p>Fundó en total 17 conventos: Ávila (1562), Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas de Segura (1575), Sevilla (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580),  Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582), en el año de su muerte.</p>
<p>La fundación de Granada la hizo Ana de Jesús, aunque en vida de la Santa, por lo que no siempre aparece en las enumeraciones.</p>
<p>A  estos conventos hay que sumar el primero del Carmelo masculino que funda con San Juan de la Cruz en Duruelo (1567). Santa Teresa conoció a San Juan de la Cruz en Medina del Campo contando ella 52 años y él 24, y le convenció para unirse a la reforma, olvidando sus planes de retirarse a la cartuja de El Paular.</p>
<p>Regresando de la fundación de Burgos, hace parada en Medina del Campo, pero es requerida en Alba de Tormes por la Duquesa de Alba. Está enferma y agotada. Muere en brazos de Ana de San Bartolomé la noche del 4 de Octubre al 15 de Octubre de 1582 (y esto por coincidir con el cambio del calendario Juliano al Gregoriano).</p>
<p>Muere sin haber publicado ninguna de sus obras, sin haber logrado fundar en Madrid (a pesar de su ilusión), sin haber separado la orden de descalzos de la de calzados y con dudas sobre si sus monasterios se podrían mantener con el espíritu que ella infundió.</p>
<p>Teresa escribió muy poco por iniciativa suya, muchas cartas, alguna poesía y anotaciones. Pero sus obras maestras son fruto de la obediencia a sus superiores, que veían el interés de que escribiera sus experiencias y enseñanzas. Y así comienza todos sus escritos mayores aceptando su encargo con obediencia, pero con notable esfuerzo por su parte.</p>
<p>Escribir le supone un esfuerzo importante, lo hace, en ocasiones, ocupando la otra mano con la rueca, tal y como ella explica: &#8220;<em>&#8230;  casi hurtando el tiempo y con pena porque me estorbo de hilar y por estar en casa pobre y con hartas ocupaciones</em>&#8221;  (Vida 10,7)</p>
<p>La Inquisición vigiló muy de cerca sus escritos temiendo textos que incitaran a seguir el cisma iniciado en Europa, o se alejaran en algún punto de la recta doctrina. Muchos de sus textos están autocensurados, temiendo esta vigilancia. Su manuscrito “Meditaciones Sobre El Cantar de los Cantares” lo quemó ella misma por orden de su confesor, en una época en que estaba prohibida la difusión de las Sagradas Escrituras en romance.</p>
<p>Su vida es fiel reflejo de lo que avisaba a sus monjas: que las gracias recibidas en la oración son para darnos fuerza en servir a los demás. Aunque Teresa es conocida por lo elevado de las gracias místicas y visiones que recibe, su oración no la aparta del mundo, sino que hace que se entregue con especial fuerza y respaldo a las obras que le son encomendadas sufriendo en viajes, discusiones y continuas trabas, burlas y desplantes de sus contemporáneos.</p>
<p>Fue beatificada por Pablo V en 1614, canonizada por Gregorio XV en 1622, y nombrada doctora de la Iglesia Universal por Pablo VI en 1970. La primera mujer de las tres actuales doctoras de la Iglesia. Las otras son Santa Catalina de Siena y otra carmelita descalza: Santa Teresita del Niño Jesús.</p>
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		<title>Oración Carmelitana</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jan 2013 23:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Orar Hoy]]></category>
		<category><![CDATA[Oración]]></category>
		<category><![CDATA[Oración Carmelitana]]></category>
		<category><![CDATA[Oración contemplativa]]></category>
		<category><![CDATA[Oración Mental]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Teresa]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Teresa de Jesus]]></category>
		<category><![CDATA[Teresa de Avila]]></category>

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		<description><![CDATA[Apagar la televisión y desconectarse de internet y del móvil es un buen comienzo para orar. Orar requiere, en primer lugar, buscar un lugar cómodo, silencioso, ordenado y tranquilo. Buscamos un silencio exterior. No hace falta que sea absoluto y total, no es necesario irse a la cumbre de una montaña, basta con un entorno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Apagar la televisión y desconectarse de internet y del móvil es un buen comienzo para orar.</p>
<p>Orar requiere, en primer lugar, buscar un lugar cómodo, silencioso, ordenado y tranquilo. Buscamos un silencio exterior. No hace falta que sea absoluto y total, no es necesario irse a la cumbre de una montaña, basta con un entorno tranquilo donde uno pueda estar solo: una iglesia o tu cuarto, por ejemplo.</p>
<p>Podemos comenzar rezando el Padre Nuestro u otra oración, pensando en lo que decimos, muy despacio. En otros momentos podemos hablar con Dios como se habla con un amigo, imaginándonoslo junto a nosotros.  A Dios Padre no podemos imaginarlo, pero sí a la imagen que hizo de sí mismo, su Hijo.</p>
<p>Teresa de Jesús lo dice así: <em>“… que no es otra cosa oración mental – a mi parecer -, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.</em>” (Vida 8,5).</p>
<p>La oración puede quedarse aquí. No debe ser un acto egoísta que busque levantar el espíritu a sentimientos místicos, ni una paz interior sobrenatural. Al contrario, debemos acudir a la oración de manera humilde, con el corazón abierto y desnudo.</p>
<p>Esta primera etapa es la más difícil: por un lado nos cuesta encontrar el tiempo dentro de nuestro día. Debemos tratar de buscar un momento y una duración fijos. La oración requiere una disciplina, no es distinta en esto a aprender inglés, a esquiar o a tocar la guitarra. “<em>No tengo tiempo</em>” significa “<em>no quiero, hay cosas más importantes</em>”, todos tenemos las mismas horas en el día.</p>
<p>Por otro lado debemos dejar de adorar a los ídolos de nuestro tiempo: las atracciones del mundo y sus distracciones. Si no tomamos la iniciativa seremos esclavos del mundo siempre. No debemos dejarnos influir por prejuicios e ideas preconcebidas sobre la oración, no es sólo una cosa de monjas o de puritanos piadosos: todos estamos llamados a la oración.</p>
<p>Si logramos dar este primer paso; reservándonos un espacio y un tiempo a la oración, debemos tratar a continuación de silenciar nuestra mente: nuestro mundo sigue ahí dentro, y las preocupaciones que tenemos provocarán que nos asalten continuas distracciones. Esto nos va a pasar siempre, al principio y cuando llevemos mucho tiempo, pero no debemos dejar que las distracciones se conviertan en las protagonistas.</p>
<p>Debemos estar atentos a las distracciones, ellas reflejan donde está realmente nuestro corazón, debemos despegarnos de ellas pero entender que son nuestras inquietudes y apegos. El combate de la oración se vence cuando nuestras preocupaciones tienen que ver con nuestra mejora espiritual; ayudar y servir a los demás, pedir por ellos y por nosotros. Saber que queremos servir a Dios y no al dinero.</p>
<p>De la oración deben nacer buenas obras: “<em>Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual, de que nazcan siempre obras, obras” </em>(Moradas séptimas 4,6)</p>
<p>Pero habrá momentos en que las palabras no ocupen el pensamiento. Como nos puede pasar con un buen amigo, o con mi marido, mi madre o mi hija. A veces basta una mirada, a veces nos ayuda que nos acompañen en silencio. Entender cosas sin palabras, mirar a Jesús y sentirse mirado por Él: La oración es entonces contemplativa.</p>
<p>En cualquiera de las etapas salimos reforzados con buenas intenciones y buenas disposiciones (virtudes) para nuestra vida cotidiana. Poco a poco, sin ser muy conscientes de ello, vamos dejándonos hacer en nuestro interior, dejando nuestro orgullo y egoísmo, ganando por ello en libertad de la buena, que no es hacer lo que me dé la gana, sino liberarnos del pecado, ganar en humildad y entender mejor lo pequeños que somos frente a Dios. Pequeños pero muy queridos. Sentir, en último término, que estamos en manos de un Dios todopoderoso que nos quiere.</p>
<p>Mayores escalas en la oración, como las gracias místicas que describe Santa Teresa, son muy poco frecuentes y debemos tener en cuenta varias cosas. En primer lugar que son sólo obra de Dios, estando fuera de nuestro alcance el procurarlas, por mucho tiempo y voluntad que pongamos. En segundo lugar que, si se dan, es para ayudarnos en alguna tarea de servicio más allá de nuestras fuerzas, nunca sería sólo para nuestro disfrute. Y, en tercer lugar, que no debemos hacer especial caso de ellas, ni esperarlas, ni mucho menos condicionar por ellas nuestra perseverancia en el orar.</p>
<p>Finalmente hay que entender que la oración no es una evasión del mundo, sino beber de la fuente que nos hará continuar mejor nuestro camino y nuestra vida, nos ayudará a saber lo que debemos hacer y  a hacerlo bien.</p>
<p>Santa Teresa nos lo dice así: <em>&#8220;&#8230;En lo que está la suma perfección, claro está que no es en regalos interiores ni en grandes arrobamientos ni visiones ni en espíritu de profecía; sino en estar nuestra voluntad tan conforme con la de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiere, que no la queramos con toda nuestra voluntad, y tan alegremente tomemos lo sabroso como lo amargo.&#8221;</em> (Fundaciones 5,10)</p>
<p>En cuanto a la duración pueden estar bien 5 minutos al día al principio. Para ir subiendo a 15, y hasta 30. Los religiosos Carmelitas hacen una hora por la mañana y otra por la tarde, pero no es razonable dedicar este tiempo si tenemos un trabajo, familia y ocupaciones.</p>
<p>Respecto a la postura debe ser cómoda pero respetuosa para con quien queremos hablar: sentado, de pie, de rodillas. En principio no recostado ni tumbado, salvo enfermedad o incapacidad.</p>
<p>Si has leído hasta aquí es que te interesa la oración. ¡ Ponte a ello !, sólo ganarás. Practica pronto, no busques muchas explicaciones, hay muchos libros y manuales, pero orar es como montar en bicicleta: el manual ayuda poco,… pero una vez que sabes no se olvida nunca.</p>
<p>¡Ánimo!: Alguien muy importante te está esperando hace tiempo.</p>
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		<title>Orden del Carmelo Descalzo Seglar</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jan 2013 23:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Carmelo Descalzo Hoy]]></category>
		<category><![CDATA[Carmelitas descalzas]]></category>
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		<category><![CDATA[Terciario Carmelita]]></category>
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		<description><![CDATA[Muchos católicos nos sentimos atraídos por la personalidad y las enseñanzas de Santa Teresa de Jesús: la radicalidad, alegría, austeridad y entusiasmo en su entrega a la causa de Dios. Disfrutamos leyendo sus escritos, rezando como ella rezaba y leyendo a otros santos de la orden, especialmente a San Juan de la Cruz, y también [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos católicos nos sentimos atraídos por la personalidad y las enseñanzas de Santa Teresa de Jesús: la radicalidad, alegría, austeridad y entusiasmo en su entrega a la causa de Dios.</p>
<p>Disfrutamos leyendo sus escritos, rezando como ella rezaba y leyendo a otros santos de la orden, especialmente a San Juan de la Cruz, y también a Santa Teresita del Niño Jesús y otros muchos.</p>
<p>Algunas mujeres  sienten la llamada a ingresar en monasterios o conventos y haciendo de la oración contemplativa el eje de su vida.</p>
<p>Algunos hombres ingresan también en conventos dedicados al estudio y difusión de la personalidad de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, dentro de sus funciones en la Iglesia Católica.</p>
<p>Otros sentimos el fuerte deseo de acercarnos a esta espiritualidad teresiana, manteniendo nuestras ocupaciones laborales y familiares. Recibimos formación y guía espiritual y de oración en distintas parroquias del Carmelo Descalzo y, como dice la Santa &#8220;&#8230; nos hacemos espaldas&#8221; en el camino de seguir las huellas de Cristo.</p>
<p>Nos unimos a las comunidades ya existentes, primero para conocernos, luego para solicitar la responsabilidad de hacer promesas, temporales primero y permanentes al cabo de unos 5 años.</p>
<p>Estas comunidades de seglares que se acercan a la espiritualidad teresiana y quieren vivirla y darla a conocer, somos los Carmelitas Seglares, a los que antes se nos conocía como Terciarios Carmelitas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El Escapulario</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2013 23:00:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Orden de los Carmelitas nace en el monte Carmelo en tiempo de las cruzadas. Al poco deben emigrar a Europa, donde no son bien recibidos. El 16 de Julio de 1251, como respuesta a las súplicas de auxilio a la oprimida Orden de los Carmelitas, La Virgen se presentó a San Simón Stock portando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Orden de los Carmelitas nace en el monte Carmelo en tiempo de las cruzadas. Al poco deben emigrar a Europa, donde no son bien recibidos.</p>
<p>El 16 de Julio de 1251, como respuesta a las súplicas de auxilio a la oprimida Orden de los Carmelitas, La Virgen se presentó a San Simón Stock portando un escapulario en la mano y dándoselo le dijo: <em>&#8220;Toma, hijo querido, este escapulario; será como la divisa de mi confraternidad, y para ti y todos los carmelitas, un signo especial de gracia; quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el fuego eterno. Es la muestra de la salvación, una salvaguardia en peligros, un compromiso de paz y de concordia&#8221;.</em></p>
<p>En la Edad Media, muchos cristianos quisieron asociarse a las Órdenes religiosas fundadas entonces: Franciscanos, Dominicos, Agustinos,Carmelitas…buscando participar de su espiritualidad. Estas Órdenes dieron a los laicos un signo de unión y pertenencia: una parte de su hábito, como la capa, el cordón. Entre losCarmelitasse llegó a establecer el escapulario, reducido en tamaño, pero del mismo material que el hábito de los religiosos, como la señal de pertenencia a la Orden y expresión de su espiritualidad.</p>
<p><strong>Su simbolismo y significado.</strong></p>
<ul>
<li><strong>El amor y la protección maternal de María: </strong>El signo es un manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos. Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Igualmente Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de haber pecado, como símbolo de perdón. También Jonatán le dio su manto a David: símbolo de amistad,  Elías dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida y San Pablo nos invita a revestirnos de Cristo, de sus virtudes.</li>
<li><strong>La Pertenencia a María: </strong>El escapulario es símbolo de consagración o pertenencia a María: reconocemos su misión maternal sobre nosotros, nos entregamos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por ella en su corazón. Así podremos ser instrumentos del Reino de su Hijo. Quien lleve el escapulario debe ser consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras.</li>
<li><strong>El suave yugo de Cristo:</strong> Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es llevadero, y mi carga ligera.”. (Mt 11:29-30). El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que María nos ayuda a llevar. Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga.</li>
</ul>
<p><strong>Normas prácticas</strong></p>
<ul>
<li>El escapulario es impuesto, sólo la primera vez, por un sacerdote o por una persona autorizada.</li>
<li>Puede ser sustituido por una medalla que tenga por una parte la imagen del Sagrado Corazón de por la otra la de la Virgen.</li>
<li>El Escapulario exige un compromiso cristiano auténtico: vivir de acuerdo con las enseñanzas del evangelio recibir los sacramentos y profesar una devoción especial a María Santísima.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fórmula de imposición</strong></p>
<p>Recibe este Escapulario, signo de la relación especial con María, la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar. Que este Escapulario te recuerde tu dignidad de cristiano, tu dedicación al servicio de los demás y a la imitación de María. Llévalo como señal de su protección y como signo de tu pertenencia a la familia del Carmelo, dispuesto a cumplir la voluntad de Dios y a empeñarte en el trabajo por la construcción de un mundo que responda a su plan de fraternidad, justicia y paz.</p>
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		<title>La Reforma</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 23:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reforma]]></category>
		<category><![CDATA[Carmelitas Decalzas]]></category>
		<category><![CDATA[Carmelitas Descalzos]]></category>
		<category><![CDATA[El Carmelo]]></category>
		<category><![CDATA[Orden del Carmelo]]></category>
		<category><![CDATA[Reforma del Carmelo]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Teresa]]></category>
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		<category><![CDATA[Teresa de Avila]]></category>

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		<description><![CDATA[El Monte Carmelo es, desde tiempos del Antiguo Testamento destino de peregrinación para los eremitas que buscan el encuentro con Dios en soledad y silencio. El más importante es el profeta Elías. Escondido en una cueva esperaba la visita de Dios. No lo reconoce en el viento fuerte y poderoso que rompía montes y quebraba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Monte Carmelo es, desde tiempos del Antiguo Testamento destino de peregrinación para los eremitas que buscan el encuentro con Dios en soledad y silencio.</p>
<p>El más importante es el profeta Elías. Escondido en una cueva esperaba la visita de Dios. No lo reconoce en el viento fuerte y poderoso que rompía montes y quebraba peñas, ni en el terremoto, ni en el fuego que siguen. Elías sale al encuentro de Dios cuando oye un ligero y blando susurro.”…- <em>¿qué haces aquí Elías?&#8230;Y él respondió: Me consume el celo por el Señor Dios de los Ejércitos.” </em>Este es el lema de los carmelitas en latín: “Zelo Zetus sum pro Domino Deo exercituum”.</p>
<p>La Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (también llamada Orden de los Carmelitas) es una orden religiosa que surgió alrededor del Siglo XII, cuando algunos cruzados, inspirados en el profeta Elías, se retiraron a vivir en el Monte Carmelo, considerado el jardín de Palestina (<em>&#8220;Karmel&#8221;</em> significa jardín).</p>
<p>En medio de las celdas construyeron una iglesia, que dedicaron a su patrona, la Virgen María, a quien veneran como Nuestra Señora del Carmen. Tomaron así el nombre de<em>&#8220;Hermanos de Santa María del Monte Carmelo&#8221;.</em></p>
<p>En 1209 de San Alberto de Jerusalén dicta la primitiva regla de la comunidad, que sintetiza el ideal del Carmelo: vida contemplativa, meditación de la Sagrada Escritura y trabajo.</p>
<p>Pero tras el fracaso de las cruzadas deben emigran emigrar a Europa, donde no son muy bien recibidos. Y es entonces cuando María se aparece con el escapulario a San Simón Stock para apoyar a la orden.</p>
<p>La regla tiene un carisma austero y eremítico, pero en 1432 el Papa Eugenio IV otorga bula de mitigación a la Regla carmelitana, dificultando el recogimiento y la vida interior que Teresa buscaba.</p>
<p>Al nacer Teresa de Jesús la regla estaba mitigada y muy relajada con respecto a la primitiva de San Alberto de Jerusalén. La reforma que ella acomete, es, en realidad, una vuelta a su rigor primitivo, adaptado, lógicamente a los nuevos tiempos.</p>
<p>Ella misma explica: “<em>Venida a saber los daños de Francia de estos luteranos… fatiguéme mucho… lloraba con El Señor y le suplicaba remediase tanto mal… Y como me vi mujer ruin e imposibilitada de aprovechar en nada en el servicio del Señor… así determiné a hacer eso poquito que yo puedo y es en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo.”</em></p>
<p>En la actualidad el rigor de la Regla se aplica de manera diferente en los distintos monasterios. Algunos mantienen el espíritu contemplativo de oración y otros lo compaginan con una mayor apertura al mundo y apostolado.</p>
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		<title>Oración Mental</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Jan 2013 23:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[I. QUÉ ES ORAR &#160; Te invito a algo tan sencillo como vivir la amistad con Jesús y cultivarla en el silencio, en el encuentro personal &#8230; en la oración. &#160; &#160; Como toda amistad, necesita algunas condiciones para que dure se haga más fuerte. Para llegar a ser orante necesitas cuidar: Tus relaciones con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="text-decoration: underline;"><strong>I. QUÉ ES ORAR</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te invito a algo tan sencillo como vivir la a<span style="text-align: center;">mistad con Jesús y cultivarla en el silencio, en el encuentro personal &#8230; en la oración.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como toda amistad, necesita algunas condiciones para que dure se haga más fuerte. Para llegar a ser orante necesitas cuidar:</p>
<ul>
<li>Tus relaciones con los demás: respecto, amor, solidaridad, perdón&#8230;</li>
<li>Tu relación contigo.</li>
<li>Tu relación con Jesús.</li>
</ul>
<p>Y algo más: &#8220;<em>determinada determinación</em>&#8220;. Sólo si comienzas con decisión y entusiasmo, sin importarte las dificultades (que llegarán), con constancia, encontrarás los frutos duraderos de la amistad con Jesús.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="text-align: center;"> </span><strong style="text-decoration: underline; text-align: center;">II. ANTES DE EMPEZAR</strong></p>
<p style="text-align: left;">Pasamos al momento concreto de la oración. Si quieres empezar de cualquier modo, puedes encontrar muchas dificultades. Para &#8220;ponernos en situación&#8221;, te pueden ayudar estas pequeñas pautas:</p>
<ul>
<li>Busca un ambiente adecuado y silencio.</li>
<li>Prepara un texto del Evangelio, quizá un símbolo, un canto o alguna imagen: te ayudará a fijar la atención en Jesús.</li>
<li>Toma una postura relajada que te ayude a centrarte, a situarte desde dentro.</li>
<li>Poco a poco, toma conciencia de tu respiración, de tu cuerpo, de tu interior para estar en ti sin dispersión..</li>
<li>Centra ahora tu atención en Jesús, en su presencia amorosa en ti y en todo.</li>
</ul>
<div>
<p style="text-align: center;"><span style="text-decoration: underline;"><strong>III. ENTRANDO EN LA ORACIÓN.</strong></span></p>
<p>Ahora tienes que encontrar tu propio modo de orar, según tu modo de ser, tu sensibilidad y tu situación. Lo importante está en volvernos a Jesús, contemplarle y penetrar en su misterio con ayuda de su Espíritu.</p>
<p>Te pueden servir estas sugerencias:</p>
<ul>
<li>Representarlo vivo en tu interior.</li>
<li>Mirarle adentrándote en alguna de las escenas evangélicas.</li>
<li>Contemplar una imagen de Jesús o repetir una frase breve que exprese lo que quieres decirle.</li>
<li>Recitar muy pausadamente el Padre nuestro, su oración, saboreándola.</li>
</ul>
<div>Es bueno discurrir un rato, profundizar, comprender&#8230; pero esto no debe ser el centro del orar. La amistad es cosa del corazón&#8230;</div>
<div style="text-align: center;"><span style="text-decoration: underline;"><strong>IV. MÁS ADENTRO.</strong></span></div>
</div>
<div>El centro de nuestra oración es la persona de Jesús. No importa cómo hayas entrado, la clave está en permanecer a su lado, dejarte mirar, escucharle, acoger su luz para conocerle a Él, penetrar en su misterio desde tu propio corazón y dejarte envolver por su presencia.</div>
<div style="padding-left: 60px;">&#8220;<em>Estate allí, acallado el entendimiento, mira que te mira, acomáñale y habla y pide y regálate con Él. Pídele que aciertes a contentarle siempre, porque de él te ha venido todo bien&#8221;</em></div>
<div>Es tiempo de recibir el don de Dios, de dejarle a Él la iniciativa para obrar, momento también de responder: una palabra, un gesto, un sentimiento, una petición. Sobre todo, tiempo de reconocer y agradecer -¡su amor hace obras grandes!-, tiempo de pedir conocer su voluntad, cómo te sueña Dios en tu vida concreta.</div>
<div>
<div>
<div style="text-align: center;"><span style="text-decoration: underline;"><strong>V. ALGO SE MUEVE.</strong></span></div>
</div>
</div>
<div>La oración no es un momento, es un camino. Te irá descubriendo poco a poco quién es Jesús, su misterio, sus valores, su propuesta, sus sentimientos y el amor con que te acoge y te busca&#8230; Al mismo tiempo, te ayudará a conocerte personalmente de otro modo, quién eres y cómo vives. Mirar a Jesús y mirarte tal y como Dios te ve y te sueña. No descuides esto, aunque no sea lo central, porque sólo así podemos vivir en la verdad. No hay oración sino en la verdad ¡como la amistad!.</div>
<div>También se irá concretando la llamada que Jesús te hace a vivir en libertad interior, la auténtica que da el Evangelio. Sean cuales sean tus circunstancias, te invita a vivir con Él y como Él. Ser orante es vivir el seguimiento de Jesús con todas las consecuencias.</div>
<div style="text-align: center;"><span style="text-decoration: underline;"><strong>VI. Y ¿DESPUÉS?</strong></span></div>
<div>Con frecuencia, la oración será tiempo de paz, de alegría interior, de luz&#8230; pero no siempre. Tu momento personal, tu situación, el cuestionamiento que encuentras en la oración&#8230; hacen que los sentimientos  que nacen en la oración sean siempre distintos.</div>
<div>No evalúes por esto tu oración. Lo importante es que se produzca el encuentro, que tu actitud sea de atención amorosa y escucha. Recoge las luces que hayas recibido, agradece la presencia del Señor y su amor, la sientas o no. La oración es cuestión de fe, de tiempo, de constancia&#8230; y de compromiso.</div>
<div>Mira hacia fuera ¿acaso no empiezas a verlo todo de otra manera? Los demás, la vida da cada día, lo que sucede en el mundo tiene ya otros colores, colores de esperanza y de amor.</div>
<div style="text-align: center;"><span style="text-decoration: underline;"><strong>VII. LA HUELLA DE ORAR</strong></span></div>
<div>La oración deja huella en nuestro interior, &#8220;deja dejos&#8221;. No se trata de tener muy buenos deseos, ni de hacer eso que llaman &#8220;buenos propósitos&#8221;. La oración, como la amistad, es sobretodo un DON, un regalo que, acogido desde el corazón, va haciendo crecer  algo nuevo, nos cambia. Y eso se nota por fuera, son esos &#8220;dejos confirmados con obras&#8221;.</div>
<div>Todos los sentimientos que puedan surgir en la oración tienen una importancia relativa. Lo fundamental es que esa obra de Jesús en ti, unida a tu respuesta, se va reflejando en otro modo de estar y actuar en la vida con otros valores, otros criterios, otros sentimientos profundos. Él nos ama sin medida ni condiciones. Amarle no es cosa de palabras bonitas, &#8220;sino servir con justicia y fortaleza y humildad&#8221;. Buen camino.</div>
<p style="text-align: right;">MODO DE ORAR SEGÚN TERESA DE JESÚS.</p>
<p style="text-align: right;">Preparado por el Carmelo Joven para la JMJ 2011 en Madrid.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.orar.carmelojoven.org">www.orar.carmelojoven.org</a></p>
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		<title>Carmelitas Descalzas</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jan 2013 23:00:41 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Somos comunidades orantes en la Iglesia y al servicio de la Iglesia. Al estilo de santa Teresa y Juan de la Cruz, místicos del s. XVI, que con su ejemplo, vida y entrega, hicieron de nuestra familia un tronco nuevo en la familia del Carmelo. Ellos, junto a los santos del Carmelo Descalzo, son para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Somos comunidades orantes en la Iglesia y al servicio de la Iglesia.</p>
<p>Al estilo de santa Teresa y Juan de la Cruz, místicos del s. XVI, que con su ejemplo, vida y entrega, hicieron de nuestra familia un tronco nuevo en la familia del Carmelo. Ellos, junto a los santos del Carmelo Descalzo, son para nosotros ejemplo en el seguimiento de Jesús.</p>
<p>Tomamos como modelo a María a quien llamamos Madre, Reina y Hermana nuestra. De ella aprendemos a ser oyentes de la Palabra y testigos de Cristo en medio del mundo.</p>
<p>Nuestra vocación en la Iglesia es la oración, el trato de amistad con Dios. De esta amistad, nos urge la entrega a la Iglesia y a la humanidad.</p>
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		<title>Carmelitas Descalzos</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jan 2013 23:00:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Abrazamos la vida religiosa en amistad y servicio de Jesucristo, a imitación y con el patrocinio de la Virgen María, cuya forma de vida, de fe y sencillez, de unión íntima con Jesús y su causa, constituye para nosotros el modelo interior. Nuestra vocación aspira a la unión con Dios por el camino de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Abrazamos la vida religiosa en amistad y servicio de Jesucristo, a imitación y con el patrocinio de la Virgen María, cuya forma de vida, de fe y sencillez, de unión íntima con Jesús y su causa, constituye para nosotros el modelo interior.</p>
<p>Nuestra vocación aspira a la unión con Dios por el camino de la contemplación y del fervor apostólico indisolublemente hermanados, formando una comunidad fraterna, signo de comunión en el mundo.</p>
<p>La oración, que es vida de oración y oración de vida, se alimenta con la escucha de la Palabra de Dios y la liturgia y con los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de la Iglesia y de la humanidad. Un camino de fe, esperanza y amor.</p>
<p>El celo apostólico penetra la oración y la vida toda, e impulsa a los hermanos a trabajar con actividad ferviente de distintas maneras en servicio de la Iglesia y de los hombres.</p>
<p>La abnegación evangélica, como capacidad de sacrificio espiritual, es una condición natural, porque el evangelio, Jesús y su Reino, valen la pena, y el camino de la unión con Dios y de la misión hace experimentar la necesidad de la purificación y transformación del corazón y de la vida.</p>
<p>Todo ha de llevar la impronta del humanismo espiritual, que integra sencillez, autenticidad, alegría, suavidad de la vida fraterna, dignidad de la persona humana, estima de la formación de los religiosos, equilibrio de la vida ascética ordenada a la vida teologal y a la misión.</p>
<p>El carisma es una realidad dinámica, puede crecer y enriquecerse en la historia. Numerosos carmelitas lo han enriquecido con su doctrina e iniciativas, como san Juan de la Cruz, santa Teresa de Lisieux, beato Francisco Palau, santa Teresa Benedicta (Edith Stein), beata Isabel de la Trinidad, y otros; muchos de ellos no canonizados, como Jerónimo Gracián y Juan de Jesús María, por citar algunos insignes del primer período, con otros posteriores, particularmente misioneros. Entre todos han multiplicado las moradas interiores y ensanchado los horizontes del Carmelo, inspirados y urgidos por el evangelio y el impulso teresiano.</p>
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		<title>La Humildad, raíz de la vida espiritual</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jan 2013 23:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Padre Salvador Ros OCDS Curso de formación OCDS. Toledo 25-27 de Enero de 2013 Lo decisivo en la vida espiritual no es tanto el &#8220;buscar a Dios&#8221;, porque hay maneras de buscarlo que son provocaciones (cf. Sab 1,2), cuanto el ponerse en una actitud tal que se pueda esperar encontrarlo sin tener que buscarlo, porque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Padre Salvador Ros OCDS</p>
<p style="text-align: right;">Curso de formación OCDS. Toledo 25-27 de Enero de 2013</p>
<p>Lo decisivo en la vida espiritual no es tanto el &#8220;buscar a Dios&#8221;, porque hay maneras de buscarlo que son provocaciones (cf. Sab 1,2), cuanto el ponerse en una actitud tal que se pueda esperar encontrarlo sin tener que buscarlo, porque es Él quien toma la iniciativa del encuentro, el que nos busca y el que a su debido tiempo se manifestará a nosotros: &#8220;Me he hecho encontradizo de quienes no preguntaban por mí; salí al encuentro de los que no me buscaban (IS 65; Rom 10,20-21). &#8220;No me buscarías, si no me hubieras encontrado&#8221; (Pascal). &#8220;Quien se vuelve hacia Oriente esperando a su Dios, en él, muy pronto, se elevará la aurora de la Gracia&#8221; (Angelus Silesius).</p>
<p>El camino más seguro para el encuentro con Dios y para esa forma de experiencia que llamamos contemplación es la actitud teologal, actitud que resumimos con la expresión &#8220;fe-esperanza-caridad&#8221; -lo que Teresa llama &#8220;amor-desasimiento-humildad&#8221; (CV 4,4)-, virtudes que &#8220;andan siempre juntas&#8221;- (CV10,3) y que &#8220;son necesarias tener las [personas] que pretenden llevar camino de oración&#8221;, de manera que &#8220;es imposible, si no las tienen, ser muy contemplativas, y, cuando pensaren lo son, están muy engañadas&#8221; (CV 4,3). Sobre este fundamento teologal de las virtudes Teresa insiste machaconamente:  &#8221;Diréis, hijas mías, que este es el engaño que todos traemos, que en llegándose uno un rato cada día a pensar sus pecados (que está obligado a ello si es cristiano de más que nombre), luego dicen es muy contemplativo, y luego le quieren con tan grandes virtudes como está obligado a tener el muy contemplativo&#8221; (CE 24 3-4).</p>
<p>Veamos, entonces, en qué consiste la humildad, ya que con frecuencia nos hacemos una idea falsa al concebirla como algo que nos rebaja, cuando es todo lo contrario, nos aporta la verdadera grandeza que en vano buscamos fuera de Dios, pues no hay nada más elevado que estar ante Dios y con Él. Quien se ha descubierto a sí mismo ante Dios, ha descubierto también que sólo ahí estaba el lugar donde uno puede conocerse íntegramente, en medio de una luz que nos deja desnudos como nunca antes lo habíamos estado, y a la vez nos cubre de misericordia como nunca antes nadie lo había hecho. No somos humildes más que cuando nos encontramos con Dios, y Dios únicamente puede encontrarnos cuando somos humildes.</p>
<p>Desde aquí podemos entender ya la experiencia y la definición de Teresa: &#8220;Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsome delante -a mi parecer sin considerarlo, sino de presto- esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en Verdad&#8221; (6M 10,7). &#8220;Y así entendí qué cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad&#8221; (V 40,3).</p>
<p>Teresa nos dice que la humildad es, ante todo, una virtud teologal, que se refiere directamente a Dios, y que por ella podemos conocernos como Dios nos conoce. No son, por tanto, las actitudes artificiales: los encogimientos, las cobardías, los espíritus ñoños, la melancolía. Todo eso lo desenmascaró Teresa como &#8220;almas cobardes con amparo de la humildad&#8221; (V 13,2). &#8220;Por eso digo, hijas, que pongamos los ojos en Cristo, nuestro bien, y allí deprenderemos la verdadera humildad, y ennoblecerse ha el entendimiento, y no hará el propio conocimiento ratero y cobarde&#8221; (1M 2,11). &#8220;Porque en otra parte dije mucho del daño que nos hace no entender bien esto de la humildad  y propio conocimiento [cf. V13,4-6, 15; CV 10, 3-4; 39,5] no os digo más aquí, aunque es lo que más nos importa&#8221; (1M 2,13).</p>
<p>Así, pues, lejos de cualquier caricatura degradante, de pusilanimidad y apocamiento, la verdadera humildad es magnánima, es una fuerza (eso significa virtud) &#8220;para conformarnos con nuestro Dios y Esposo&#8221; (6M 10,6), y por eso concluye Teresa: &#8220;No entendamos cosa en que se sirve más el Señor que no presumamos salir con ella, con su favor. Esta presunción querría yo en esta casa, que hace siempre crecer la humildad: tener una santa osadía, que Dios ayuda a los fuertes y no es aceptador de personas&#8221; (CV 16,8)</p>
<p>San Francisco de Sales insistía en el vínculo indisoluble entre humildad y generosidad: &lt;&lt;Estas dos virtudes, humildad y generosidad, están tan juntas y van tan unidas la una a la otra que no pueden separarse. Pues la humildad que no entrañe generosidad es indudablemente falsa. La verdadera humildad, después de haber dicho: &#8220;Yo por mí no puedo hacer nada, nada soy&#8221;, cede el puesto a la generosidad, que dice: &#8220;Yo lo puedo todo, pues pongo toda mi confianza en Dios que lo puede todo &#8221; &gt;&gt;. La una es la verdad de la otra.</p>
<p>La humildad es la lucidez propia del amor, es lo que hace que un bien sea un bien: un amor sin humildad no ama de verdad; una esperanza sin humildad no es sino presunción, capaz de tornarse en desaliento ante la mínima prueba; un perdón sin humildad no es más que otra vuelta en el círculo de la venganza, y así con todo. Más que una virtud, la humildad es la esencia, la verdad de todas ellas, por eso &#8220;es la principal y las abraza todas&#8221; (CV 4,4; CE 24,2). &#8220;La reina de las virtudes -decía también Simone Weil-, porque la humildad es la negativa a existir fuera de Dios&#8221;. Y de ahí el contundente principio teresiano: &#8220;espíritu que no vaya comenzando en verdad, yo más le querría sin oración&#8221; (V 13,16).</p>
<p>La humildad es condición de todos los dones divinos, pues es el primero de sus dones y nunca deja de serlo, como confirma Teresa con su propia experiencia: &#8220;Es muy ordinario, cuando alguna particular merced recibo del Señor, haberme primero deshecho a mí misma, para que vea más claro cuán fuera de merecerlas yo son&#8221; (V 11,11). Por eso, lejos de reducirse a una primera etapa , la humildad es la raíz permanente de toda vida espiritual, como la raíz del árbol que no deja de profundizar a medida que éste crece. Y por eso, &#8220;como este edificio todo va fundado en humildad, mientras más llegaos a Dios, más adelante ha de ir esta virtud y si no, va todo perdido&#8221; (V12,4; 7M 4,8).</p>
<p>Por otra parte, así como con los dones de Dios no se pueden hacer reservas (Ex 16,19), también a veces suele ocurrir que desaparecen las virtudes que creíamos haber conseguido, lo cual no deja de ser una providencia de Dios para no apropiarnos de sus dones y ejercitar así la humildad que desaloja de nosotros todo sentimiento de autocomplacencia y nos protege contra el peligro de la presunción y de la temeridad, tanto más que nuestra fortaleza está sometida a grandes oscilaciones. Teresa, hablando de sí misma, se lo recordaba así a sus monjas:</p>
<p style="padding-left: 90px;"><em> &#8221; Adonde el demonio puede hacer gran daño sin entenderle, es haciéndonos creer que tenemos virtudes no las teniendo, que esto es pestilencia. Porque en los gustos y regalos parece sólo que recibimos y que quedamos más obligados a servir; acá parece que damos y servimos y que está el Señor obligado a pagar, y así poco a poco hace mucho daño. Que por una parte enflaquece la humildad, por otra descuidámonos de adquirir aquella virtud, que nos parece la tenemos ya ganada.</em></p>
<p id="4-p11" style="padding-left: 90px;"><em>Pues ¿qué remedio, hermanas? El que a mí me parece mejor es lo que nos enseña nuestro Maestro: oración y suplicar al Padre Eterno que no permita que andemos en tentación. También os quiero decir otro alguno: que, si nos parece el Señor ya nos la ha dado, entendamos que es bien recibido y que nos le puede tornar a quitar, como, a la verdad, acaece muchas veces y no sin gran providencia de Dios. ¿Nunca lo habéis visto por vosotras, hermanas? Pues yo sí: unas veces me parece que estoy muy desasida, y en hecho de verdad, venido a la prueba, lo estoy; otra vez me hallo tan asida y de cosas que por ventura el día de antes burlara yo de ello, que casi no me conozco. Otras veces me parece tengo mucho ánimo y que a cosa que fuese servir a Dios no volvería el rostro; y probado, es así que le tengo para algunas; otro día viene que no me hallo con él para matar una hormiga por Dios si en ello hallase contradicción. Así, unas veces me parece que de ninguna cosa que me murmurasen ni dijesen de mí no se me da nada; y probado, algunas veces es así, que antes me da contento; vienen días que sola una palabra me aflige y querría irme del mundo, porque me parece me cansa en todo. Y en esto no soy sola yo, que lo he mirado en muchas personas mejores que yo y sé que pasa así.&#8221;</em></p>
<p>En definitiva, que la verdadera espiritualidad no consiste en gozar siempre de Dios, sino en &#8220;caminar humildes en su presencia (Mi 6,8) adonde y como Él quiera conducirnos.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p>&#8220;Los fariseos eran gente que contaba con su propia fuerza para ser virtuosa. La humildad consiste en saber que en lo que se denomina &#8220;yo&#8221; no hay ninguna fuente de energía que permita elevarse. Todo cuanto en mí es valioso procede sin excepción de más allá de mí, y viene, no como don, sino como préstamo que debe ser renovado sin cesar&#8221; (S. Weil, La gravedad y la gracia, Madrid 1994, p. 79).</p>
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		<title>Invitación a la lectura del &#8220;Castillo Interior&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jan 2013 23:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Padre Salvador Ros OCDS Curso de formación OCDS. Toledo 25-27 de Enero de 2013 Si es verdad que se escribe teniendo en cuenta para quién se escribe, también es verdad que saber cómo ha sido escrita una obra, ayuda a entenderla. Con ese deseo ofrecemos al lector estas páginas, como premisa para lectura del Castillo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Padre Salvador Ros OCDS</p>
<p style="text-align: right;">Curso de formación OCDS. Toledo 25-27 de Enero de 2013</p>
<p>Si es verdad que se escribe teniendo en cuenta para quién se escribe, también es verdad que saber cómo ha sido escrita una obra, ayuda a entenderla. Con ese deseo ofrecemos al lector estas páginas, como premisa para lectura del <em>Castillo Interior</em>, la obra cumbre de santa Teresa, tanto de su producción literaria como de su trayetoria espiritual, escrita en plena madurez de su existencia, a la edad de sesenta y dos años, y a sólo cinco de su muerte; la obra, en fin, más representativa de su magisterio como Doctora de la Iglesia.</p>
<p><strong>1.- Teresa &#8220;al pié de la letra&#8221;</strong></p>
<p>El <em>Castillo Interior</em> &#8211; así lo tituló ella después de escrito, en el reverso de la primera de la primera hoja en blanco- es, ante todo la historia de su alma, ella misma al pie de la letra, como indica el comienzo del prólogo y en referencia directa al <em>Libro de la Vida</em>, escrito doce años antes: &#8220;Bien creo he de saber decir poco más que lo que he dicho en otras cosas que me han mandado escribir, antes temo que han de ser casi todas las mismas; porque, así como los pájaros que enseñan a hablar no saben más de lo que les muestran y oyen y esto repiten muchas veces, soy yo al pie de la letra&#8221; (prólogo 2). Yo soy la materia de mis libros, eso es lo que quiso decir, mucho antes y mejor que Montaigne y que Descartes. Teresa inaugura la modernidad.</p>
<p>La relación o continuidad entre ambos escritos se debió inicialmente a un trágico suceso: el secuestro del <em>Libro de la Vida</em> por parte de la Inquisición el año 1575; un libro que ella daba por perdido y que quería completar: &#8220;Si el Señor quisiere diga algo nuevo, su Majestad lo dará, o será servido traerme a la memoria lo que otras veces he dicho&#8230;, que me holgaría de atinar a algunas cosas que decían estaban bien dichas, por si se hubieren perdido&#8221; (prólogo 2). A esto se añadía un deseo de comunicación y un propósito didáctico de validez para otros, pensando no sólo en sus monjas, también en otros hipotéticos lectores: &#8220;Y porque parece desatino pensar que puede hacer al caso a otras personas, harta merced me hará nuestro Señor si a alguna de ellas se aprovechare para alabarle algún poquito más&#8221; (n. 4), dicho retóricamente como una manera tópica de captar y ampliar el círculo de destinatarios.</p>
<p><strong>2.-El deseo y el mandato de escribir</strong></p>
<p>Ciertamente, fue esa irreprimible necesidad de comunicación, tan necesaria al escritor como el viento a la nave, lo que a ella la impulsó a escribir, por más que pregone el mandato expreso de prelados y confesores, insistiendo una y otra vez en que escribe por obediencia. No es que mienta al asentar esa premisa, ni que tal obediencia sea falsa; por el contrario, ha tenido buen cuidado de procurársela de antemano para no parecer atrevida de lanzarse a escribir por cuenta propia. Pero, hablando con propiedad, habría que llamarla más bien &#8220;licencia&#8221; o salvoconducto para encauzar eficazmente ese anhelo de comunicación, lo que no podía ser de otro modo en un tiempo en que a la mujer -por el mero hecho de serlo- le estaba vedado escribir.</p>
<p>Y eso fue lo que sucedió con el libro del <em>Castillo Interior</em>, un ejemplo de hábil diplomacia para que le mandaran escribir lo que ella ya estaba determinada a hacer. Hallándose en Toledo con su adorado Padre Gracián, cuyos resortes psicológicos conocía a la perfección, y en días muy difíciles para la reforma, se consolaban ambos hablando de cosas espirituales. Al llegar a cierto sutil deslinde, ella suspira: &#8220;¡Oh, qué bien escrito está ese punto en el libro de mi vida que está en la Inquisición!&#8221;. Gracián, que ni conocía el libro, ni tal vez esperaba rescatarlo del Santo Oficio, dice entonces a la Madre: &#8220;Pues que no le podemos haber, haga memoria de lo que se le acordare y de otras cosas, y escriba otro libro, y diga la doctrina en común, sin que nombre a quien le haya acaecido aquello que allí dijere. Y así le mandé que escribiese este libro de <em>Las Moradas</em>, diciéndole, para más la persuadir, que lo tratase también con el Doctor Velázquez, que la confesaba algunas veces, y se lo mandó.&#8221;</p>
<p>Pero lo que no sabía el ingenuo Padre Gracián es que esa idea de completar el <em>Libro de la Vida</em> se la había ocurrido a ella mucho antes, y que ya había dado algunos pasos, bastante comprometedores, por cierto. Enterada por su sobrina María Bautista, la priora de Valladolid, que el obispo de Ávila tenía una copia y que doña María de Mendoza había hecho sacar del libro que tenía el obispo un traslado, y que se lo había ahora tomado el obispo&#8221;, no dudó en pedirle a este el envío de la copia clandestina: &#8220;Al obispo envié a pedir el libro, porque quizá se me antojará de acabarle con lo que después me ha dado el Señor que se podría hacer otro y grande, y si el Señor quiere acertase a decir; y si no, poco se pierde&#8221; (Carta a don Lorenzo de Cepeda, 17-I-1577). Don Álvaro de Mendoza, como cabía esperar, no soltó prenda por lo que nuestra pérdida habría sido inmensa de no haberse logrado el proyecto: pero a quien afirme que el <em>Castillo Interior</em> viene de una orden del Padre Gracián, habría que responderle, sencillamente, que no conoce la sagacidad teresiana. Claro que ese deseo provenía de instancias a las que ella no podía resistirse,: nada menos que del mandato mismo de Dios, como confesó al jesuita Gaspar de Salazar, en lenguaje cifrado a los pocos días de concluido el libro: &#8220;Hízose por mandado del vidriero (Dios), y parécese bien, a lo que dicen&#8221; (Carta 7-XII-1577). Una vez más quería dejar bien claro que era Dios, y no los hombres, quien mandaba en su obra literaria.</p>
<p><strong> 3.- Tiempo récord de escritura</strong></p>
<p>Aunque ella no solía reparar demasiado en la precisión de las fechas a la hora de datar sus escritos y recuerdos, esta vez, sin embargo, contamos con una afortunada excepción, pues tanto al principio como al final del libro, en el prólogo y en el epílogo, consignó las fechas en las que inició y concluyó la obra; fechas indicadas, naturalmente, por el santoral, que ése era el calendario al uso en una sociedad sacralizada como la suya. Pues bien, a tenor de esos dos registros, el proceso redaccional se extiende desde &#8220;hoy, día de la Santísima Trinidad, año de 1577, en este monasterio de San José del Carmen de Toledo&#8221; (prólogo 3) hasta &#8220;víspera de San Andrés, en el monasterio de San José de Ávila, año de 1577&#8243; (epílogo 5); fechas que traducidas a nuestro calendario abarcan desde el día 2 de junio hasta el 29 de noviembre, esto es, seis meses menos dos días, lo que supone un récord para la redacción de una obra de semejante envergadura.</p>
<p>Pero es que ni siquiera llegó a ocupar todo ese tiempo. Empezó, como queda dicho, el 2 de junio, y en sólo quince días terminó de redactar hasta el capítulo primero de las cuartas moradas, dejando escritas 26 hojas por ambas caras. Fue entonces cuando le llegó la noticia de la muerte del nuncio Ormaneto y tuvo que interrumpir la escritura para preparar el viaje a Ávila, decidida a pasar la jurisdicción de aquel monasterio del obispo a la Orden. Durante el mes de julio, a ratos sueltos, en medio de viajes y dificultades, logró escribir los dos capítulos finales de las cuartas moradas y los tres primeros de las quintas (19 hojas). Y finalmente en nobiembre, tras un largo paréntesis de &#8220;casi cinco meses desde que lo comencé hasta ahora&#8221; (5M 4,1), escribió de un tirón el resto del libro (65 hojas), desde el capítulo cuarto de las quintas moradas hasta el colofón final de las séptimas  (16 capítulos de los 27 que tiene el libro).</p>
<p>Según esto, el tiempo empleado en la redacción del libro se reduce a dos meses, lo que supone un récord todavía mayor, justo en el momento más crítico de su Reforma y en medio de no pocas dificultades, con &#8220;enfermedad continua y ocupaciones de muchas maneras&#8221; (prólogo 1), lo que demuestra que estamos ante una consumada escritora, tan ágil y desenvuelta como reconocen admiradas sus propias monjas, que tantas veces la sorprendieron en el trance creador.</p>
<p><strong>4.- Contenido y guía de lectura.</strong></p>
<p>Entre los escritos teresianos, El <em>Castillo Interior</em> es el sistemáticamente más logrado, con título propio y dentro de un género específico, calificado de &#8220;tratado&#8221;. Y así debe considerarse, ciertamente, como uno de los primeros y más originales ensayos de teología espiritual de la época moderna, con un planteamiento innovador, renacentista e inductivo, que va del hecho experimental hacia la comprensión y de ésta a la categorización.</p>
<p>La novedad de este planteamiento, así como la razón última de su éxito, hay que verla desde un pasaje paradigmático del anterior <em>Libro de la Vida</em>, en el que dirigiéndose al P García de Toledo le hablaba de las tres gracias o etapas de su experiencia mística: sentir, entender y comunicar (cf. V 17,5). Texto que, en principio parece como un eco de lo leído en el Tercer Abecedario de Osuna: &#8220;Un don es dar Dios la gracia, y otro don es darla a conocer; el que no tiene sino el primer don, conozca que le conviene callar y gozar, y el que tuviere lo uno y lo otro, aún se debe mucho templar en el hablar; porque con un ímpetu que no todas veces es del espíritu bueno, le acontecerá decir lo que, después de bien mirar en ello, le pese gravemente de lo haber dicho. Más vale que en tal caso le pese por haber callado que por haber hablado pues lo primero tiene remedio, y lo segundo no&#8221; (trat. 3, cap 2). Pero si nos fijamos bien, la coincidencia entre ambos textos es más aparente que real o sólo parcial pues en el texto de Osuna se silencia el tercer nivel de la comunicación y termina reduciendo todo el proceso místico a sólo los dos primero estadios, como vuelve  decir más adelante: &#8220;Porque un don es dar Dios alguna gracia, y otro don es dar el conocimiento de ella; y a muchos da lo primero, que es hacer las mercedes, y no les da lo segundo, que es el conocimiento de ella&#8221; (trat. 5, cap. 3).</p>
<p>Teresa, en efecto, fue más allá. Y esa diferencia del tercer grado de la comunicación es justamente la razón de ser del <em>Castillo Interior</em>, como ella misma indica en reiteradas ocasiones: &#8220;Y aunque en otras cosas que he escrito ha dado el Señor algo a entender, entiendo que algunas no las había entendido como después acá, en especial de las más dificultosas&#8221; (1M 2,7); &#8220;un poco más luz me parece tengo de estas mercedes que el Señor hace a algunas almas&#8221; (4M 1,1); &#8220;podrá ser que en estas cosas interiores me contradiga algo de lo que tengo dicho en otras partes; no es maravilla, porque en casi quince años que ha que lo escribí quizá me ha dado el Señor más claridad en estas cosas de lo que entonces entendía&#8221; (4M 2,7).</p>
<p>Otra importante novedad de esta obra es su sistema expresivo, pues aunque conocía el esquema clásico de las tres vías -purgativa, iluminativa y unitiva- y de los tres estados correspondientes -principiantes, aprovechados y perfectos- (cf. V 11, 5; 13,13; CV37 1;42,5), en esta ocasión quiso adoptar un sistema distinto, nada que ver con el de los &#8220;libros muy concertados&#8221; de los teólogos, para describir el itinerario de la vida espiritual bajo el número simbólico de siete moradas y al hilo de otros cuatro símbolos (el castillo, las dos fuentes, el gusano de seda y el simbolismo nupcial), adentrándose en lo que Dios hace, no tanto en lo que nosotros podamos hacer, que de eso ya había sobrada literatura, &#8220;porque siempre oímos cuán buena es la oración y no se nos declara más de lo que podemos nosotras, y de cosas que obra el Señor en un alma declárase poco, digo sobrenatural&#8221; (1M 2,7). Por eso, de los 27 capítulos que tiene el libro, dedica únicamente los cinco primeros al tema ascético, la materia que antes había ocupado casi todo el <em>Camino de Perfección</em>, y todos los demás (22 capítulos) a las &#8220;cosas sobrenaturales&#8221;, al tema propiamente místico: entrada en vías pasivas (moradas cuartas), unión y santificación inicial (moradas quintas), el crisol del amor y sus manifestaciones más fuertes (moradas sextas), consumación en la experiencia de los misterios cristológico y trinitario y plena disposición al servicio de los otros (moradas séptimas).</p>
<p>Y por último, dos avisos al lector: Primero, que para entender lo que en el léxico teresiano son las moradas, téngase en cuenta la definición que adelantó la propia santa Teresa cuatro años antes: &#8220;son las moradas conforme al amor con que hemos imitado la vida de nuestro buen Jesús&#8221; (F 14,5); la misma definición que daría después san Juan de la Cruz, buen conocedor de la obra teresiana e intérprete autorizado de la misma: &#8220;las siete mansiones son los siete grados de amor&#8221; (cf. 2S 11,9; LB 1,13; CB 26, 3-4). Y segundo, que para entender este libro no hacer falta más saberes que el saber leer, o mejor dicho, el saber escuchar, pues si ella escribió como quien habla -&#8221;iré hablando con ellas en lo que escribiré&#8221; (prólogo 4)-, el lector deberá leerlo como quien escucha, leyéndolo incluso en voz alta, pero sobre todo, sabiéndose responsable de una obra que exige la lectura reiterada y participativa, &#8220;acontinuando a ir muchas veces a ella&#8221;. Sólo de este modo la obra terminará siendo del lector y haciendo su efecto: &#8220;Una vez mostradas a gozar de este Castillo, en todas las cosas hallaréis descanso, aunque sean de mucho trabajo, son esperanza de tornar a él, que no os lo puede quitar nadie (epílogo 2).</p>
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